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Full text of "Cantares Eduardo Carmona"

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U E N O 0 AIRES 

1 HttT 






A ESPAÑOLES T AMERICANOS 


Treinta años llevo de residencia 
en la América del Sud, hospitala- 
rias tierras á las cuales amo y con- 
ceptúo como mi SEGUNDA PATRIA. 

Sin embargo: nunca olvidé el be- 
llo suelo donde nací, España! Y 
como débil prueba, ahí van mis 
cantares: pequeño testimonio de que 
siempre fui hijo cariñoso, sin olvi- 
dar jamás al País que me dió ge- 
neroso albergue durante tantos años; 
donde han nacido mis hijos y don- 
de descansan los restos de mi inol- 
vidable madre. 


EL AUTOR. 


Buenos Aires, 1897. 




CANTARES 


Sabéis lo que son cantares? 
— Esto es claro como el sol: 
alegrías y pesares 
del noble pueblo Español. 


Cantares son las canciones, 
y la expresión más sincera; 
con la cual la raza Ibera 
expresa sus impresiones. 


8 — 


Canta el Español sus penas, 
pero con tan buenos modos 
que van de alegrías llenas 
y no se aperciben todos. 


Los Españoles cantamos 
los días que más sufrimos, 
pues por afuera reímos 
mientras por dentro lloramos. 


Quien canta su mal espanta 
leí en un libro ayer tarde. 

Ya estoy ronco de cantar 
y no hallo alivio á mis males. 


Cantando van á la guerra 
los soldados españoles, 
y eairan cantando al combate 
v matan cantando á un hombre. 



— 9 — 


Es cosa tan singular 
la que á ratos me acontece, 
que entre reir ó llorar 
me decido por cantar, 
que eso alegra y entristece. 


Los cantares son muy tristes, 
y todo aquel que los canta 
es porque ya tiene enferma 
de desengaños el alma. 


Mi madre una vez me dijo: 
— No era de hombres el llorar , 
Por eso cuando me aflijo 
me pongo siempre á cantar. 


No puede haber más desdicha 
para quien es desgraciado 
que el ganar su triste vida 
sus propios males cantando. 



— 1C — 


Canta el pájaro en la selva 
con entera libertad... 

Y yo, que cual él soy libre, 
¿porqué no puedo cantar? 


Las aves tienen gorjeos, 
sus olas el ancho mar, 
en cambio yo sólo tengo 
¡los ojos para llorar! 


Se corta á un ave las alas, 
y ya no puede volar. 

¡Las alas del pensamiento 
nadie las puede cortar! 


Las arenas van al mar 
y los arroyos al río: 
¿adónde irán á parar 
los ayes del pecho mío? 



— 11 — 


Lo mismo es ayer que hoy; 
sólo hallo espinas y abrojos 
y lágrimas en los ojos 
por donde quiera que voy. 


No hay pena como la mía 
ni hay dolor cual mi dolor. 
Ayer dijo me quería 
y hoy me ha negado su amor. 


Las casas viejas se caen, 
las montañas se derrumban: 
¡sólo las penas del alma 
son las que más tiempo duran! 


Dos cosas hay en la vida 
que ni se compran ni venden: 
el cariño de una madre 
y la salud que se pierde. 



— 12 — 


Tengo en el alma una pena 
que no se aparta de mí: 

¡los dolores que á mi madre 
le causé cuando nací! 


Hay dos dolores inmensos 
para las pobres mujeres: 
cuando dan á luz un hijo 
y cuando el hijo se muere. 


Sólo una vez en la vida 
me vieron á mí llorar: 
¡cuando á mi madre querida 
la llevaron á enterrar! 


Una sola vez al año 
visitaba el cementerio; 
ahora voy todos los días 
desde que mi madre ha muerto. 



Llegué hasta el camposanto 
y me detuve á rezar, 
y vertí copioso llanto... 

¡que á la madre que amé tanto 
la llevaban á enterrar! 

Ala Virgen yo rezaba 
y al terminar mi oración, 
como en tí madre pensaba, 
me fijé que la llamaba 
¡madre de mi corazón! 


Se muere á la madre un hijo 
y Dios otro hijo le da. 

El hijo pierde á la madre 
y no halla otra madre más. 

¿Para qué dolores pasan 
en este mundo las madres? 

Los hijos cuando se casan 
no se acuerdan de sus padres 



— 14 — 


Hay cadenas que sujetan 
al hombre más que los grillos: 
los deberes del esposo 
y el carino de los hijos. 


Aquel que pierde á la madre 
no halla en el mundo oirá más. 
Se puede encontrar un padre, 
pero una madre . . . jamás! 


Madre que á hijos deponen 
se han visto en todas las eras: 
mas nunca se vio en las fieras 
que á sus hijos abandonen. 


El que no quiere á sus hijos 
no puede querer á Dios. 

Si Satanás fuera padre 
amara la religión. 



— 15 — 


Hasta en las fieras también 
es innato el sentimiento; 
se muere una, y al momento 
reunidas todas se ven. 


Sólo una vez en la vida 
se siente santo cariño: 
cuando se tiene en los brazos 
y se besa al primer hijo. 


Mi querida me dió un'fbeso 
porque un collar le compré. 
Los besos que da una madre 
son besos sin interés. 


Todo el que quiere á la madre 
Dios le da bienes prolijos, 
pues cuando llega á ser padre 
recompensa halla en sus hijos. 



— 16 — 


Quien respeta á los ancianos, 
cuando llega á la vejez 
halla en los hombres hermanos, 
y bienestar á la vez. 


Levanta siempre al caído, 
porque si caes al pasar 
no hallaras un ser querido 
que te ayude á levantar. 


No pliegues tu compasión 
ni al mendigo ni al anciano, 

£ que en esta pobre mansión 
es el hombre nuestro hermano. 


Tanto vale el hombre en vida 
y tanto, aun después de miierto, 
¡que hasta á los gusanos sirve 
su cadáver de alimento! 



— 17 — 


Las obras que alaba Dios 
son las que menos se saben: 
las que quedando entre dos 
evitan de que ge alaben. 


Como Dios es justiciero, 
así sus dones envía: 
al bruto le da dinero, 
al pobre sabaduría. 


Si los hombres se pagaran 
sólo con amor profundo, 
los avaros se acabaran 
en este mísero mundo. 


Si el avaro meditara 
como los días ahorrar, 
la existencia se quitara 
y así á la muerte le ahorrara 
el'tenerlo que matar. 



Matan en la guerra á un hombre 
por defender su Nación, 
y á aquel que mancilla un nombre 
concede el mundo perdón! 


¿De qué sirve en este mundo 
ni la virtud ni el trabajo, 
si el crimen viste de seda 
y la honradez con harapos? 


En el mundo el adulón 
es el que vive dichoso. 
¡Maldita la adulación 
y el que la acepta gustoso! 


Nace en el hombre la idea, 
el hombre va al cementerio, 
y la idea, casi siempre, 
al carro del basurero. 



— 19 — 


Fija los ojos al suelo 
siempre el hombre al caminar 
jamás los Bja en el cielo: 
y es que sabe que el consuelo 
solo en la tierra ha de hallar. 


Es tan angosto el camino 
por donde la virtud pasa 
para llegar hasta el cielo, 
¡que sólo caben las almas! 


Quiere el hombre en su ambición 
no un corazón, sino dos. 

¡Bien sabe lo que hace Dios 
dando sólo un corazón. 


De tierra venimos, 
de ella nos formamos: 
y pues tierra luimos, 
á la tierra vamos. 



20 — 


Soñé que nos enterraron 
á tí y á mí en un cajón: 
que muchos años pasaron, 
y al abrir la caja hallaron 
¡solamente un corazón! 


Una hija cariñosa 
un beso al sepulcro dió 
en que la madre reposa, 

¡y el cadáver se movió 
dentro de la misma fosa! 

Cuando tañe la campana 
con su son nos dice así: 
¡reza, que tal vez mañana 
doblaré también por tí! 

La vida es una cadena 
de interminable tormento; 
cada eslabón una pena 
que coloca el sufrimiento. 



— 21 — 


Un consejo mío atiende. 
Torres el viento echa abajo, 
y al que imitarlas pretende 
le suele pillar debajo. 


La vida nuestra se encierra 
— pero nadie piensa en eso, — 
en mortal, cadáver , hueso , 
y más tarde sólo tierra. 


Entre el hombre y la mujer 
hay al nacer diferencia: 
la mujer nace de pie, 
pero el hombre de cabeza. 


En este mísero mundo 
todo es mentira falaz. 
Todo, sí. Menos la muerte , 
i que es la única verdad! 



— 22 — 


Nadie por causas de amor 
en el mundo desespere, 
que el amor es mercancía 
y á cualquier precio se vende. 


La muerte es la sola prez 
que en este mundo alcanzamos, 
porque al morir todos vamos 
á descansar de una vez. 


Qué feliz es el que muere 
y en el sepulcro descansa! 
— Allí no mora el orgullo, 
la muerté á todos iguala! 


Tanto afán por conseguir 
renombre, honor y caudales, 
¡para después al morir 
quedarnos todos iguales! 



— 23 — 


Hoy el orgullo se encierra 
palacios en construir. 

¡Necios! ¡si á un palmo de tierra 
todos tenemas que ir! 


Si Dios le indica al portal 
siempre el sendero del bu en > 
¿como los hombres no ven 
van al camino del mal? 


Que hay un Dios, es cosa cierta. 
Que hay muertes, todos lo ven. 
¿Porqué, si mi alma está muerta, 
no se la llevan también? 


Se van los años , se van f 
en los viejos escuchamos, 
¡Qué equivocados están! 
Nosotros sí que nos vamos. 



— 24 — 


¡Cuan bello que es el vivir, 
y la existencia pasando, 
ir este mundo dejando 
de miserias, y morir! 


Los sabios se vuelven viejos 
solamente de pensar: 
los brutos nunca envejecen, 
porque no piensan jamás. 


Los sabios, según la historia, 
se mueren de congestión; 
si no miente mi memoria, 
los brutos, de indigestión. 


Dan los necios en decir 
y los sabios en pensar 
adúnde irán á parar 
los que dejan de sufrir. 



— 25 — 


Al pie de un árbol sin frutos 
me puse á considerar, 
que en este mundo los brutos 
sólo llegan á medrar. 


No se adquieren con cañones 
las voluntades sinceras. 

Las bale |s para las fieras, 
para los hombres razones. 


Los pensamientos más bellos 
que el hombre debe tener 
solamente son aquellos 
que el amor manda ejercer. 


Somos aves que cruzamos 
en busca de mejor suerte, 
que por el mundo pasamos 
para parar en la muerte. 



— 26 — 


Yo te daría consejos, 
mas no los has de seguir, 
porque hoy día hacen reir 
las máximas de los viejos. 


No son á veces los años 
los que hacen envejecer, 
que también los desengaños 
nos hacen encanecer. 


Dios colocó por barrera 
en el hombre el sentimiento , 
porque sin él, yo presiento 
cada hombre sería una fiera. 


Desde el día en que nacemos 
la desgracia nos amaga, 
que la desgracia es insecto 
que en todas partes se halla. 



— 27 — 


Al ver una sepultura 
se me alegra el corazón, 

¡y es que ver se me figura 
ya mi cuerpo en el cajón! 


Corazón, que á amar naciste, 
sufre de amor la inconstancia, 
que ya el verdadero amor 
no existe para las almas. 


Si aun siendo correspondido 
al amar se sufre tanto, 

¡qué pena será tan grande 
el amar 'sin ser amado! 


Los hombres se vuelven viejos 
á fuerza de padecer, 
y se miran al espejo 
sin quererse convencer. 



— 28 — 


No cuentes nunca tus penas, 
consérvalas en el alma, 
que- las desdichas ajenas 
nadie las oye ni calma. 


Si tienes un gran pesar, 
toma de ejemplo mi idea: 
vete á un rinoón á llorar 
en donde nadie te vea. 


La experiencia en esta vida 
de poco sirve ó de nada, 
si ella no va acompañada 
de la modestia debida. 


Las hojas que el viento arranca 
al árbol no vuelven más. 

Los hombres corren el mundo, 
pero vuelven á su hogar. 



— 29 — 


En un globo yo subí, 

— nada hay en esto que asombre, - 

y desde allí arriba ... vi 

¡lo pequeño que es el hombre! 


Los reveses de la vida 
como las veletas son: 
dan vuelta sin ton ni son 
y se paran en seguida. 


Los buques vienen y van 
cuando reina el mismo viento: 
las almas quietas están 
con distinto sentimiento. 

v 

Si entre el corazón y el pecho 
colocara Dios cristales, 
el mortal tendría derecho 
de mostrarlo á sus iguales. 



— 80 — 


Yo tengo empeño en saber, 
y nadie me da razón, 
si es verdad que á la mujer 
la hizo Dios sin corazón. 


Vamos pasando esta vida 
de dolor y de pesares, 
que pronto vendrá la muerte 
y acabarán nuestros males. 


Si el hablar es un engaño 
y el cantar es fantasía , J 
callémonos, alma mía, 
que en eso no cabe daño. 


Todos adornan á un Ser , 
que aunque distinto es el mismo. 
Yo en eso uso egoismo, 
sólo adoro d la mujer. 



— 31 — 


Oye mi estado y mi suerte 
en muy corta relación: 

—¡Soy el hijo de la muerte! 
los sepulcros mi mansión! 


Pensamientos, pensamientos... 
¿adónde iréis á parar? 

¿á morir entre los vientos 
ó en el fondo de la mar? 


Se van y vienen los males 
cual vienen y van los días, 
que en el mundo los pesares 
son más que las alegrías. 


En este mundo 
el más dichoso.., 
tiene pesares 
como los otros. 



— 32 — 


Amor eñ la mujer 
es como el luego: 
mientras más arde 
dura menos tiempo. 


El corazón, á mi ver, 
es libro poco apreciado: 
como siempre está cerrado 
nadie lo puede leer. 


Delante dél espejo 
se ven las car/is, 
y detrás de las obras 
se ven las almas. 


Al espejo mirándose 
clamaba un negro: 

— ¿porque para las conciencias 
no habrán espejos? 



— 33 — 


Un recuerdo hay en la vida, 
un recuerdo halagador 
y que el hombre nunca olvida: 
jel primer beso de amor! 

Preciso es que me enterraran 
en lo más hondo del mar, 
que muchos años pasaran 
y ni aun mis restos quedaran 
¡para poderte olvidar! 


— ¿Qué papel juega en la esfera 
de este mundo la mujer? 

—Ella al hombre regenera 
ó convierte en Lucifer. 


Al más pequeño deslice 
la mujer pierde honra y fama, 
que el cristal mientras más claro 
más fácilmente se empaña. 

Cantaréa 2 



— 34 - 


Temo más á la calumnia 
que á la^ fieras más feroces; 
la una mata lentamente, 
las otras de un solo golpe! 


Si de un árbol muy frondoso 
sólo se quiebra una rama, 
ya el vulgo necio lo llama 
el árbol defectuoso . 


Para algunos, la mujer 
es una estatua animada; 
para un rato de placer, 
luego después para nada. 


Domestica el hombre al tigre 
y á las más feroces fieras, 
pero á una mujer sin seso 
no hay quien domesticar pueda. 



— 35 — 


Delante de un toro fiero 
se llega el hombre á poner, 
más no se pone el torero 
ante una fiera mujer. 


Pues sabios hay en el mundo, 
quiero una cosa saber: 
si hay abismo más profundo 

que el alma de una mujer. 

I 


No me preguntes quien soy, 
cual es mi Patria y mi fe, 
de donde vengo ni voy... 

¡pues yo mismo no lo sé! 


Al pie de mi sepultura 
pon un letrero que diga: 
— Aquí el dolor se mitiga 
y toda pena se cura . 



Cariño de las mujeres 
no me gusta mendigar, 
que es moneda que no pasa 
si se da sin voluntad . 


Oye, niña, y no te asombre: 
hay dos modos de querer; 
con el alma quiere el hombre, 
con los labios la mujer . 

•t 


La mujer, cual el melón, 
nos engaña en la apariencia; 
la que tiene corazón 
es que no tiene conciencia. 


Delante de un crucifijo 
juró amarme una mujer, 
y me la encontré al volver . . . 
casada ya y con un hijo. 



— 87 — 


De hinojos la vi que estaba 
delante de San Miguel] 
no sé si rezando á aquel 
ó si es que al diablo rezaba. 


Un loro Amelia me dió 
por que le enseñase á hablar, 
y sabéis lo que aprendió? 
solamente á suspirar. 


Yo se que voy á morir 
y no me espanta la muerte; 
porque la muerte es dormir , 
dormir, soñar , soñar verte! 


Para probar que te quiero 
con todo mi corazón, 
le dije al sepulturero 
que si antes que tú me muero 
me deje abierto el cajón , 



— 88 — 


Me preguntas qué es amor. 
En cuanto que estés casada 
la persona interesada 
te lo explicará mejor. 


En tu ciego frenesí 
por castigar mis agravios, 
me dicen que no tus labios . . . 
pero tus ojos que sí. 


Yo sé muy bien que me muero 
de tanto, niña, quererte, 
por tí recibo la muerte... 

¡y dices que no te quiero! 


Fui mis lágrimas echando 
dentro de un algibe muy hondo; 
las están ahora sacando, 
pero no dan con el fondo. 



Cuatro velas para un muerto, 
cuatro ruedas lo conducen, 
y cuatro llevan la caja 
momentos que lo sepulten. 


Yo tengo la convicción 
que si algún día me muero, 
me escaparé del cajón 
para decirte — ¡te quiero! 


Tienes los ojos azules, 
pero negras las entrañas, 

¡y hay quien dice que los ojos 
son el espejo del alma! 


Al Señor le escribiré, 
cuando aprenda yo á escribir, 
y sólo le pediré 
contigo un día vivir . . . 
y después me moriré . 



— 40 — 


En vano intenta olvidar 
* aquel que bien ha querido, 
que ausencia en vez del olvido 
hace amor acrecentar. 


No pienses no que en la ausencia 
te pueda al olvido dar . 

¿Cómo te podré olvidar 
si te llevo en la conciencia? 


Dicen que olvida el que ama, 
y también el que se ausenta. 

El que dijo esas palabras 
que se las cuente á su abuela. 


Para olvidarme de tí 
compré un libro de gran fama. 
Lo primero que leí: 

No olvida nunca quien anta. 



— 41 — 


Un árbol tenía yo; 
á él mis penas le conté, 
y al separarme noté 
que de raíz se secó. 


Como un niño ayer lloraba 
recordando tu falsía. 

Donde una gota caía 
el sitio cicatrizaba. 


Por la cuesta del olvido 
voy subiendo con trabajo; 
pero me queda el consuelo 
de que otros la van bajando. 


Hay en mi pueblo una ermita, 
en ella me cristianaron, 
pero el agua que me echaron 
dicen no estaba bendita. 



— 42 — 


Las campanas de mi aldea 
doblaron cuando salí, 
como diciendo : — ¡Adiós hijo , 
ya no volverás * aquí! 


Yo me enamoré del aire 
con todo mi corazón. 

Ya no me fío de nadie, 
que hasta el aire me engañó. 


No me inquieta ni me altera 
que me tengan que enterrar: 
lo que sí me desespera 
¿quién mi entierro ha de pagar? 


Aquel que tenga pesares 
que se acompañe conmigo 
porque \dipena y el pesar 
deben caminar unidos. 



— 43 — 


A doblar están tocando . 
—¿Pues quién se ha muerto? 
— ¡Un corazón que habitaba 
dentro mi pecho? 


Subí á la torre más alta 
y le dije al campanero: 

— Toca á muertos, majadero, 
que el repicar no hace falta. 


Los pobres van mendigando 
una limosna por Dios. 

Yo soy más pobre que todos, 
que voy mendigando amor. 


Para que nadie comprenda 
lo que yo sufro por dentro 
llevo en los lábios la risa 
y en el alma el sentimiento. 



— 44 — 


Que te habías muerto, Ambrosia, 
soñé — ¡lo que sueños son! — 
y que al hacerte la autopsia 
no te hallaron corazón. 


Dentro de un grano de arena 
quisiera que te enterraran, 
que bien puede caber en él 
si no tu cuerpo, tu alma! 


Iba el ataúd cerrado 
y al pasar la conocí, 
que mi pecho enamorado 
me dijo que ella iba allí. 


El día que la enterraron 
llovía sin desconsuelo, 

¡Es que su muerte lloraron 
los ángeles en el cielo! 



— 45 — 


Desde el día en que te vi 
creo en dos seres, en dos; 
primero creo en un Dios, 
y luego después eii tí. 


Por un canal muy estrecho 
no cabe más que un bajel. 

Así le pasa á mi pecho, 
sólo tu amor cabe en él! 


Que te diga mis antojos? 
óyelos, aunque me riñas: 
me casara con dos niñas , 
y esas son... las de tus ojos. 


Si antes que tú yo me muero, 
te pido de corazón 
que me hagas grande el cajón, 
porque en mi tumba te espero. 



— 46 — 


Ayer me fui á confesar, 

/ creo en Dios! iba á decir. 
¿En qué pensaría yo 
que dije creía en ti! 


Si las almas buenas van 
camino, niña, del cielo, 
moriré con el consuelo 
que las nuestras se unirán. 


Las leyes dan su perdón, 

— ¡y en el porqué ya me fundol — 
á las niñas que en el mundo 
nos roban el corazón. 


Aunque al pie del Redentor 
cariño se mendigara 
el cariño se negara 
cuando no se siente amor. 



Al sol —para — le dirás 
y el sol podrá obedecerte, 
más nunca conseguirás 
que deje yo de quererte. 


Todos piensan en medrar, 
y yo de ellos me río, 
pues solo pienso en amar... 
¡en amarte á tí, bien míol 


Tengo perenne una idea 
que no se aparta de- mí: 
cuando en la fosa me vea, 
¿quién ¡ay! velará por tí? 


Cuando yo me esté muriendo 
que no te sienta llorar. 

Quiero yo morir sintiendo 
que por mí te has puesto á orar. 



— 48 — 


Si vas á mi sepultura 
y sientes un aye allí, 
no temas— ¡es mi cadáver 
que ha respirado por tí! 


De tal modo me golpea 
el corazón en el pecho, 
que pensando que me llamas 
muchas veces me despierto. 


Estoy estudiando ahora 
inglés, guaraní y griego, 
para en todos los idiomas 
poderte decir — te quiero. 


Cuando salen las estrellas 
me pongo á pensar en tí, 
preguntando á todas ellas 
si piensas también en mí. 



— 49 — 


Cuando salen las estrellas 
me pongo á pensar en tí, 
y creyendo verte en ellas 
paso las noches así. 


Si pudieses asomarte 
y ver como tengo el alma, 
de fijo que me tendrías 
mucha, muchísima lástima. 


Tengo en mis manos la suerte 
y no la sé aprovechar. 

Se acabara mi penar 
con sólo darme la muerte. 


Diez años duró mi ausencia, 
y cuando á verla volví 
en brazos de otro la vi, 
y me dijo : — ¡ten paciencia! 



— 50 — 


No vayas al campo santo 
tus desdichas á llorar, 
que los muertos, si oyen llanto, 
suelen, ñifla, despertar. 


Mándale pedir á Dios, 
si no quieres que te quiera, 
que coloque entre los dos 
otro mundo por barrera. 


Dime ladrón, embustero, 
asesino y mucho más; 
pero no digas jamás 
que de veras no te quiero. 


Si me has de decir que no 
dame en seguida la muerte, 
porque á vivir sin quererte 
prefiero la muerte yo. 



— 51 — 


Acuérdate al confesar 
que tus ojos son ladrones . 
que roban los corozones 
solamente con mirar. 


A las estrellas les cuento 
tu ingratitud y mis penas, 
pero como están tan altas 
no me oyen las estrellas. 


Llama al doctor, y verás 
como el mal que yo padezco 
me lo puedes tu curar 
tan sólo con darme un beso. 


Una cosa es necesaria 
para que te olvide yo: 
que al llevarme al campo santo 
me saquen el corazón. ^ 



— 52 — 


Yo no le temo á la muerte, 
puedo en buena hora venir: 
lo que sí temo al morir 
es el dejar de quererte. 


Cuando yo esté en el cajón 
que me hagan la autopsia quiero: 
verán en mi corazón 
de la enfermedad que muero. 


Son tan hermosos tus ojos 
que hasta los ojos del día 
de tus ojos tienen celos, 
y tienen celos... de envidia. 


Si me dices — yo me muero 
puede ser que te lo crea: 
más si me dices — te quiero 
eso... después que lo vea. 



— 53 — 


Cuentan que en una ocasión 
se hallaron en un camino, 
y ni aun adiós se dijeron, 
tus suspiros y los míos. 


Quisiera poder tragar 
las aguas del oceano, x 
por no tener con que llorar 
tu proceder inhumano. 


Hasta el fondo de los mares 
puede el hombre penetrar, 
pero al fondo de tu pecho 
nadie ha podido llegar. 


¿Quieres te diga una cosa? 
pues escúchala con calma: 
¿porqué siendo tan hermosa 
tienes tan horrible el alma? 



— 54 — 


Cuando digo que me amas 
lo digo yo muy bajito: 
cuando digo que te amo 
entonces lo digo á gritos. 


Cuando voy al cementerio, 
te juro por mi salud, 
me da ganas de enterrarme, 
antes que me entierres tú. 


No pretendas impedir 
que mi corazón te quiera, 
que es lo mismo que pedir 
que la gente no se muera. 


Anda, corre y dile al cura 
que toquen, porque me muero 
y avisa al sepulturero 
que cabe mi sepultura. 



— 65 — 


Quisiera que me enterraran 
en el fondo de tu pecho, 
porque ocultas se quedaran 
las maldades que me has hecho. 


No digas que me has amado 
ni digas que te h£ querido, 
que si tú me has olvidado 
yo te tengo en el olvido. 


Para acudir á tus citas 
no necesito reloj: 
sólo cuento los latidos 
de mi amante corazón. 


Tome este pliego, mi vida, 
y léalo en confianza, 
que en él va escrito con sangre 
lo que la adora mi alma. 



— 56 — 


San Pedro tiene la llave 
del Cielo, como portero, 
pero San Pedro no sabe 
que hizo dos el cerrajero. 


A mi entender es la vida 
como el dolor de una muela: 
viene el dentista, la saca 
y el dolor entonces cesa. 


El cura ayer predicó 
— Dios nos manda perdonar, 
y un tramposo le entendió 
—Dios nos manda no pagar. 


No hay nada más mentiroso 
que un poeta principiante; 
al feo le llama hermoso , 
por buscar un consonante, 



Riquezas mal adquiridas 
son castillos en el aire, 
que al menor (soplo de viento 
se derrumban y deshacen. 


En tus ojos he leído 
lo que los míos buscaban. 
Niña, tus ojos han sido 
el faro de mi esperanza. 


Contemplando las estrellas 
paso las noches,, pensando 
en si me tendrás presente 
ó en si me habrás olvidado. 


La mano del corazón 
anoche me diste, Pepa: 
y yo te di la del alma, 
que es la manita derecha. 



— 58 — 


No quiero yo que me mires 
con los ojos de la cara. 

Me gusta más que me miren 
con los ojitos del alma. 


Me olvidaste, te olvidé. 

.Los dos en paz nos quedamos. 
¿A qué me vienes ahora 
con tus quejas y tu llanto? 


Por amar á una mujer 
he perdido mi acomodo. 
Después de tanto perder 
me dicen que soy un tonto. 


I Con un pillo he de alternar, 
pero con un bruto no; / 
que á mí me gusta tratar 
con quien sea como yo. 



— 59 — 


¿Quién había de pensar, 
que después de tanto correr, 
que tan sólo una mujer 
me hiciera los piés parar? 


La mujer que engaña á un hombre, 
siendo éste bueno y constante, 
nunca debiera á este mundo 
haberla dado su madre. 


Siempre que miro hacia el cielo 
me acuerdo de tu semblante, 
y es que el cielo y tus facciones, 
María, son tan iguales! 


Ayer que estabas enferma, 
hoy que te encuentras muy mala: 
di de una vez que te mueres 
para hacerte la mortaja. 



— 60 — 


No te pongas á mi lado 
ni te me arrimes, 
que tu cara me parece 
sala del crimen. 


Eres tonto, esavorio , 
tramposo y abominable; 
este cuerpo no ha nació 
pa un hombre tan despreciable. 


Aunque en la calle me encuentre 
no me mire usted á la cara, 
que algún desaire merece 
el que pudiendo no paga. 


Cuando paso por la calle 
donde tú antes vivías, 
se convierte con mi llanto 
en otro Guadalmedina . 



— 61 — 


Sabiendo cuanto te v amo 
no me das una esperanza. 
Pero al fin eres mujer 
y tienes de roca el alma. 


Me dio madrastra mi padre 
y me pude convencer 
que en el mundo no hay más madre 
que aquella que nos dá el ser. 


Ya los quintos van marchando: 
sabe Dios cuando vendrán. 
Pobrecitos, van llorando. . . 

¡sabe Dios si volverán! 


No creas, Patria querida, 
que de tí me encuentro ausente. 
D \— necesito una vida 
y allí me tendrás presente. 



— 62 — 


Madre mía... ¡qué dolor 
en un instante he pasado! 
Con su flecha el niño Amor 
el pecho me ha traspasado. 


Dicen que el mundo camina 
y que el sol nunca se mueve. 
Que con hechos me lo pruebe 
quien deesa manera opina. 


Si con una sola vida; 
España, tu mal cesara, 
no dude»! Patria querida, 
la mía sacrificara. 


Soy español, andaluz, 
treinta y tres años de edad, 
casado, con siete hijos, 
por lo que gusten mandar. 



— 63 — 


Vaya un pensamiento mío 
para tí, Patria querida. 

— ¡Haz cuenta que te lo envío , 
y toma en cambio mi vida! 


Yo no me llamo Consuelo 
sino me nombro Dolores, 
que á la mujer desgraciada 
no le está bien aquel nombre. 


Yo me llamaba Benigno 
y me nombraban Modesto, 
y ahora que me he casado 
me llaman todos Cornelio. 


Cuando Dios está enojado 
si no mienten las reseñas, 
por quitarle el desenfado' 
le cantan las malagueñas. 



— 64 — 


Esta copla y me despido, 
que como las doce han dado 
ya tengo un ojo dormido 
y otro medio cerrado. 


Entre el hombre y la mujer 
hay esta gran diferencia: 
el hombre piensa despierto , 
y la mujer durmiendo piensa. 


Un millonario avariento, 
después de sacramentado , 
mandó pedir de ñado 
papel para el testamento. 


Soñé que al cielo subí, 

— en un globo por señas, — 
y en el cielo solo vi 
Uruguayas y Porteñas. 



— 65 — 


En el canto de un papel 
— ya veis si es estrecho el grueso, 
escribí con mi alma en él 
— España... ¡te mandó un beso ! 


Unos te dicen — ¡bien mío! 
Otros— ¡España, te adoro ! 
Yo no digo nada. Lloro , 
y mis lágrimas te envío! 


Mientras que el pueblo español, 
— ¡á pesar de sus pesares! — 
no deje alumbrarle el sol, 
existirán sus cantares. 


Canto, porque oí decir 
que en este mundo el que canta 
todas sus penas espanta. 

¡Vaya un modo de mentir! 


Cantares 


3 



— 66 — 


Como los árboles crecen 
crecen ¡ay! mis sinsabores. 
Sus hojas desaparecen, 
pero nunca mis dolores. 


¡Qué grande es mi desventura! 
En cada paso que doy 
la tierra pisando voy 
que marca mi sepultura. 


A mi pobre corazón, 
cuando te mueras, le digo 
le compraré otro cajón 
para que vaya contigo. 


Si hasta la gloría se entrara 
por medio de adulación, 
yo tengo la convicción 
que en el portal me quedara. 



- 67 


Te estuve anoche besando, 
sin poder ni un beso darte. 
jCómo había de besarte, 
si te besaba soñando! 


¿Qué son todas tus heridas 
con las mías comparadas? 
Cura el médico las tuyas, 
y sólo Dios las, del alma. 


No ambiciono más fortuna 
ni quisiera más poder ✓ 
que llegar á comprender 
que canta el niño en la cuna. 


Cuántas veces te pedí 
lo que tu labio negó? 
Ahora que dices que si, 
ahora te digo que nú. 



— 68 — 


Los jardines tienen flores 
y peces tiene la mar, 
y tiene sus sinsabores 
el hombre que llega á amar. 


Suelen pasar en la vida, 
como esta escena, otras cosas: 
al ladrón le está pidiendo 
el robado una limosna. 


José se llama el marido, 
y Josefa la mujer, 
y se precisa al tratarlos, 
la calma de San José . 


Si Dios, por gracia especial, 
bajara al mundo, yo creo, 
que al ver á Montevideo 
se hiciera Dios Oriental. 



— 69 — 


Todos los hombres son buenos. 
Al crimen solo los lleva, 

—y entended bien este dicho, — 
la falta de inteligencia. 


Van á los toros saltando. 
Después del último toro 
el público vuelve en coro 
aburrido y bostezando. 


Adonde van á parar 
las lágrimas que vertemos? 
—Las aguas van aumentar 
que en la otra vida bebemos. 


Mirándote me paso 
mirando el día. 

Ya que tanto te miro, 
mírame , niña. 



Cuando yo te esté mirando 
no mires hacia otra parte, 
mira que cuando te miro 
no pienso más que en mirarte. 


Cuando á América llegué, 
que era España me creía: 
desde entonces la llamé 
la segunda Patria mía. 


Si la cara es espejo 
que refleja el alma, 
el alma de los viejos 
debe ser muy mala. 

¿Y hay algo más bello 
que el alma del hombre 
cuando llega á viejo? 



— 71 — 


A la Virgen de la ermita 
le pido cada Domingo 
que me otorgue la ventura 
jle que te cases conmigo. 

Y la Virgen me contesta: 

— No tengas ningún cuidado 
que te casarás con ella . 


De sus novias se despiden 
los reclutas en mi tierra, 
y en sus canciones les piden 
que de ellos nunca se olviden 
por si mueren en la guerra. 


Que se deje de patrañas 
di al rey, aunque no le cuadre; 
que al hijo de sus entrañas 
¡ni por doscientas Españas 
deja matar una madre! 



Formó Dios á la mujer 
de una costilla del hombre; 
por eso, á mi parecer, 
entre el uno y otro ser 
no hay más distinción que el nombre. 


En las luchas de la vida 
el combate del amor 
es el que nunca se olvida, 
pues siempre dura la herida 
y nunca cesa el dolor. 


Sólo le teme á la muerte 
aquel que ha sido asesino , 
pues su conciencia le advierte 
cual será su aciaga suerte 
siguiendo el mismo camino. 



— 73 — 


Opinan que las estrellas 
ojos de la Virgen son, 
y á mí me parecen ellas 
con tus ojos menos bellas, 
ñifla de mi corazón. 


Cuando en mis brazos te veo 
es tanto mi frenesí 
que hasta inmortal yo me creo, 
y es que la vida deseo 
siempre que te abrazo así. 


¿De qué sirve en este mundo 
ni las canas ni el saber, 
si hasta el sabio más profundo 
se convierte, en un segundo, 
juguete de la mujer? 



— 74 — 


Si el hombre considerara 
cual es su sino al vivir, 
la existencia se quitara 
aun antes de que llegara 
sus ojos al mundo á abrir. 


Momentos hay en la vida 
en que el hombre, fascinado 
de alguna imagen querida, 
de su pundonor se olvida, 
del presente y su pasado. 


¡Patria! ¿qué podrá expresarte 
quien te ama de corazón? 
cada día más amarte 
y este cantar dedicarte 
á falta de inspiración. 



— 75 — 


Lo mismo que el río al mar 
camina siempre derecho, 
aquel que te llegue á amar 
vaderechito á parar 
al olvido de tu pecho. 


Critica siempre la envidia, 
que en el mundo el envidioso 
hasta de sí se fastidia... 
y en cambio de su desidia 
vive de todo celoso. 


Fué por la tarde á enterrar 
á su mujer el Montijos, 
y por la noche á cantar. 

¡Lo hacía para ganar 
la vida para sus hijosl 



— 76 


¿Quién soy yo? con egoísmo 
me pregunto y no respondo. 
¿Quién se conoce á sí mismo, 
si es el alma negro abismo 
que no se le encuentra fondo? 


Quisiera, madre, beber 
las lágrimas que tú viertes. 
Deja tu llanto correr, 
que en la pena y el placer 
unidas van nuestras suertes. 


Quisiera hacer escaleras 
hasta el cielo, la verdad; 
que no fuesen de maderas, 
sino hechas de calaveras 
de toda la humanidad. 



— 77 — 


Si tú no hubieras nacido 
yo muriera sin saber 
que se podía querer 
del modo que te hé querido. 


Las flores del campo santo 
me conocen al llegar 
porque las suelo regar 
á menudo con mi llanto. 


No la enterréis todavía... 
que si es un sueño la muerte 
puede que mi amor despierte 
al escuchar la voz mía. 


Las puertas del campo santo 
al amanecer se abren 
que me lleven á enterrar 
antes que las cierren, madre. 



— 78 — 


Camina aprisa el mortal, 
pero pueda su memoria. 
Esa se llama la gloria 
¡que permanece inmortall 


El hombre vive soñando, 
¡que triste es la realidad! 
y así la vida pasando 
¡despierta en la eternidad! 


La vida es tan pasajera, 
tan efímera y avara, 
que basta un segundo , para 
que desaparezca entera. 


A la hora de mi muerte 
una cosa hé de pedir 
para contento morir 
¡poder un instante verte! 



— 79 — 


El hombre que se suicida 
es cobarde y criminal, 
porque no es dueño el mortal 
de disponer de su vida. 


Nace el hombre, y á la par 
ya le señala el destino 
la fosa que en su camino 
tiene al morir que ocupar. 


, Ningún nécio se suicida, 
y esto es prueba que en el mundo 
más que el sabio más profundo 
aprecia el nécio la vida. 


Todo mortal al nacer 
en pago de haber nacido 
lleva en su ser esculpido 
el gérmen del padecer. 



— 80 


A mi entender es la vida 
como el dolor de una muela : 
viene el dentista, la saca 
y el dolor entónces cesa. 


El niño llora tal vez 
de haber al mundo venido, 
y en llegando á la vejez 
por el tiempo que há perdido. 


Pues los hombres son esquivos, 
por si los sueños son ciertos 
no reces nunca á los muertos, 
reza, niña... ¡por los vivos! 


¡Ojalá que en un altar 
te pusieran sin demora, 
para poderte adorar 
como á una imágen se adora! 



— 81 — 

El oro es el rey del mundo 
esto dice el usurero 
porque ante ese ser inmundo 
no existe más que el dinero. 


Porque robé en la ciudad 
me tienen en la prisión. 

Tu robas un corazón 
y gozas de libertad. 


Mis grillos y mis cadenas 
rompería con mi aliento 
si llegaras un momento 
para consolar mis penas. 


No me pidas, madre mía, 
olvide al hombre que quiero, 
que has de conseguir primero 
te falte la luz del día. 



— 82 — 


Yo jamás te llamaré, 
aunque te agravies, hermosa... 
yo quiero llamarte diosa , 
y no me equivocaré. 


¿Qué vale una fiera, di, 
si ante el hombre se compara? 
¡una fiera á su hijo ampara, 
y el hombre lo arroja de sí? 


Todos adoran á un Dios 
por su gran Omnipotencia. 
Yo, con esta diferencia, 
á tí y á él, á los dos. 


Las escaleras del vicio 
sube con facilidad 
todo el hombre que se entrega 
á la vil ociosidad. 



De este modo á mi entender 
comparte su amor el hombre: 
entre á la que debe el sér 
y á la que le dá su nombre. 


Hay que olvidar los agravios 
que de nécios recibimos 
porque así nos inscribimos 
en la lista de los sabios. 


Dios áAdan formó primero 
y más tarde á la mujer: 
vino en seguida un tercero 
y lo echó todo á perder. 


No me pidáis que la olvide, 
pues, sin que nadie se ofenda, 
el que tal cosa pretenda 
no sabe lo que me pide. 



— 84 — 


Me separé de tu lado 
por ver si así te olvidaba... 
pero yo no me acordaba, 
que el corazón me has robado! 


jSi yo olvidarla pudiera! 
más es necia pretensión 
querer que una exhalación 
se detenga en su carrera. 


Presumo que el hombre es ciego, 
pues no vé que el matrimonio 
solo es obra del demonio 
que lo há inventado por juego. 


Cuando nos llega á faltar 
las caricias de una madre 
ni los cuidados de un padre 
son bastante en el hogar. 



— 85 — 


Te quiero por una cosa 
que no debe serte agena: 
porque además de ser buena 
eres, niña, muy hermosa. 


Tiene un modo de mirar 
con tal fuerza y arrebol 
que hasta es capaz de eclipsar 
con una mirada al sol. 


No debe el hombre aspirar 
á los manjares agenos, 
que los más sanos y buenos 
son los propios del hogar. 


La verdad debe decirse 
aunque sea en nuestro daño: 
nada hay peor que el engaño 
cuando llega á descubrirse. 



— 86 — 


¡Como amarnos los mortales 
cual si fuéramos hermanos?... 
¡ni aun los dedos de las manos, 
por desgracia, son iguales! 


Correr, lágrimas, correr... 
no os detengáis ni un segundo, 
¡que no es vergüenza en el mundo 
llorar por una mujer! 


Hay quien dice: con dinero 
todo se compra en la tierra. 
¡Mentira! pues no hay caudal 
para comprar la conciencia. 


Contempla, niña, mi llanto... 
y si tienes corazón 
tén al menos compasión 
de mi pena y mi quebranto. 



— 87 — 


Un nuevo mundo Colón 
descubrió con gran acierto. 
En cambio yo hé descubierto 
que no tienes corazón. 


El hombre se reconcilia 
con su mísero existir 
si al menos puede decir 
tengo hogar y una familia. 


Siempre tras un ideal 
que forja tu fantasía, 
soñando de noche y día 
pasa la vida el mortal. 


Una vez ladrón hé sido, 
sin vergüenza lo confieso: 
más fué . .. ¡por robar un beso 
á la mujer que hé querido! 



— 88 — 


Querer es poder — ¡falsía! 
yo quisiera ser muy rico. 
Por más que me sacrifico 
soy más pobre cada día. 


Hay quien dijo y con razón, 
que este mundo es un fandango: 
solo que unos bailan tango 
y otros bailan rigodón. 


¿Quién fía en el juramento 
de labios de una mujer!... 
palabras que lleva el viento 
para nunca más volver. 


Si con llanto como el mío 
bastase hasta á tí llegar; 
yo con él haría un río 
para poder navegar. 



— 89 — 


Por el mundo caminamos 
y aunque distantes estemos 
cuando menos lo pensemos 
los hombres nos encontramos. 


Soñé que al cielo subí, 
en un globo por más señas, 
y llenito el cielo vi 
de Uruguayas y Porteñas. 


Para comenzar mis cantos 
no me deis entonación, 
me los dicta el corazón 
en mis horas de quebranto. 


Tengo el corazón partido 
desde que te conocí. 

La mitad para mi madre, 
la otra mitad para tí. 



— 9C — 


Son tus ojos, mi querida, 
dos luceros, y no miento, 
que Dios al darte la vida 
los quitó del firmamento. 


Para palabra Aragón, 
Madrid para la hermosura, 
para amarte con locura 
tan solo mi corazón. 


A el hombre que es ahorrativo 
le llaman todos avaro, 
quien tiene ley al dinero? 
el que lo suda al ganarlo. 


¿Dónde irá el ave que pierde 
al ave que la arrulló? 

Sin los bienes de mi madre, 
decidme ¿dónde voy yo! 



— 91 — 


Ya la iban á enterrar, 
y . . . ¡lo juro por mi vida! 
creyendo estaba dormida 
la quise yo despertar. 


Sin ser mi tierra Aragón 
ni tu Virgen del Pilar 
te he eregido yo un altar 
dentro de mi corazón. 


Cantaclaro me pusieron 
porque canto las verdades, 
y los necios se ofendieron 
de mis muchas claridades. 


Con respecto á los cantares 
tengo un modo de pensar: 
que no se meta á cantar 
el que no tenga pesares. 



— 92 — 

En esas noches de calma, 
recordando nuestros lares, 
como á Dios se eleva el alma 
¡tiene el alma sus cantares! 

(Mftl 


Al editor le dirijo 
este último cantar, 
pues con cariño prolijo 
me los quiso apadrinar. 



A- Bietti editor 







* 





Veinte mil leguas de \iaje submarim 

La Jangada * . . 

Un capitán de quince artos . . . 

Los hijos del Capitán Crant . . . 
Norte con tn 'Sur .... . . 

De la tiem á la luna . 

Alrededor de la luna (continuación 

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Descubrimiento prodigioso - Kl Doct 
El náufrago del Cynthia .... 

La Casa de Vapor 

Aventuras de un nirto Irlandés . 

Cinco semanas en globo . 

La Isla misteriosa 

f.lovis Dardentor 


Dentro de poco tiempo estará concluida 
de toda la colección completa de las obras 
Escritor. 


2 lomos 

1 lomo 

2 tontos 
' T lomos 

2 tomos 
I tomo 

1 tomo 
i tomo 
i tomo 

1 tomo 

2 tomos 
t tomo 

1 tomo 

2 tomos 
2 tomos 
i tomo 
:t tomes 
! tomo 


la publicación .. 
del Eminente 


NOTA — Enta* ínteres mtisima*, instructiva* y científica» obra* 
de Verne se han publicado, en formato 1C® ilustradas. v han 
tenido ya gran a eptación por su formato mas manejable, 
tanto para el lector como {tara el vendedor, y por au precio inti- 
mo. requisito* «tos que faltan en la edición EN FOLLETO 
«pie tienen en venta algunas casa* de la placa.